Nelson Mandela: El lado humano del Liderazgo

Si hay un líder que me ha inspirado hasta las entrañas, es el señor Nelson Mandela. El leer su autobiografía “El Largo camino Hacia la Libertad” me ha hecho reflexionar profundamente sobre el liderazgo y las aptitudes que se requieren para llegar a ser un verdadero líder y poder lograr dejar una huella imborrable en la sociedad y en el mundo a través de su legado. Uno de los aprendizajes más memorables de leer su historia es el tener el privilegio de “meterme en su mente”  y poder ver y sentir a través de sus vivencias, toda esa parte de la historia del la lucha en contra de la segregación racial “Apartheid” en Sudáfrica por la cual  dedicó su vida. Entender sus motivaciones, cómo se inició en la lucha  y cómo es que pudo mantenerse firme ante su visión y su sueño de ver una Sudáfrica más libre y soberana para su gente, a pesar de que la lucha no fué nada fácil y que la misma lo llevara a estar en la cárcel por más de 27 años.

Su nombre de nacimiento fué Rolihlahla, que significa en dialecto Xhosa “Arrancar una rama de un árbol”. En el lenguaje coloquial el significado es más parecido a “revoltoso”. Nacido en la región de Transkei, la cual se encuentra a 900 kilómetros de Johannesburgo y a mil doscientos kilómetros de ciudad del Cabo, es el hogar del  pueblo Thembu que forma parte de la tribu Xhosa, a la que Mandela perteneció.Él describe a su tierra como “Una hermosa tierra de suaves colinas,fértiles valles y un millar de ríos y arroyos, que hacen que el paisaje sea verde incluso en invierno

Desde muy temprana edad, Mandela se interesó por la política, por lo cual fué integrante activo de la CNA (Congreso Nacional Africano) comenzando a tener pequeños trabajos como mensajero o haciendo pequeños encargos, mientras estudiaba para obtener el título de abogado de la Universidad, por medio de correspondencia. Durante su etapa de estudiante y en sus inicios laborales, Mandela describe su vida en aquel entonces como una de las etapas de mayor aprendizaje sobre la pobreza: “Nunca tenía dinero y sobrevivía con los más escasos recursos que imaginarse pueda (…) muchos días tuve que recorrer a pie los 9 kilómetros de ida y vuelta para ahorrarme el billete del camión. A menudo pasaba todo el día sin probar más que un bocado y sin poder cambiarme de ropa(…)“.

El inicio de la lucha por la libertad lo describe como algo totalmente natural e inevitable en su vida: “No puedo precisar en qué momento se produjo mi politización, o cuándo supe que dedicaría mi vida a la lucha por la liberación. Ser negro en Sudáfrica supone estar politizado desde nacer, lo sepa uno o no(…) su vida viene determinada por las leyes y restricciones racistas que anulan su desarrollo, ahogan su potencial y destrozan su vida. Ésta era la realidad, y uno podía enfrentarse a ella de mil formas distintas“.

Existe la creencia de que un líder “nace” con ese talento, o siente un “llamado” que lo hace tomar la decisión irrevocable e inmediata de encabezar un movimiento o una revolución. Sin embargo, al leer la biografía de Nelson Mandela, él describe su propio encuentro con lo que sería su destino de una forma distinta. Él lo describe como una acumulación de pequeños acontecimientos que poco a poco fueron desembocando una serie de acciones que lo llevaron a lo que terminó siendo, un gran líder en la lucha por la libertad de su pueblo. De sus palabras: “No experimenté ninguna iluminación, ninguna aparición y en ningún momento se me manifestó la verdad, pero la continua acumulación de pequeñas cosas, las mil indignidades y momentos olvidados, despertaron mi ira y rebeldía y deseo de combatir al sistema que oprimía a mi pueblo(…) No hubo un día concreto que dijera: a partir de ahora dedicaré mis energías a la liberación de mi pueblo, simplemente me encontré haciéndolo y no podía actuar de otra forma“.

Siendo uno de los líderes nacionales de la CNA, Mandela junto con su mejor amigo Oliver Tambo, tuvieron que enfrentarse infinidad de veces contra la policía  y contra la opresión del gobierno de desmantelar su movimiento. Como parte de su lucha por la libertad, vivieron todo tipo de calamidades: Fueron exiliados del país, encarcelados en numerosas ocasiones; quemaron sus casas y oficinas; amenazaron a integrantes de su familia, hasta que se vieran forzados a vivir en la clandestinidad y mantener el movimiento también el la clandestinidad, el cual logró crecer y expandirse gracias al apoyo de países vecinos que les brindaron su apoyo, recursos y conocimientos para comenzar a desarrollar su propio partido militar lo cual al final le costó una larga condena de cárcel a él y a todos los militantes del partido.

Lo que pasó después, es bien conocido: 27 años de cárcel, la mayor parte de ese tiempo en la Isla de Robben, donde cumplió la mayor parte de su condena. Mandela describe a la Isla de Robben como una de las prisiones más brutales y represivas de todo el sistema penitenciario en Sudáfrica, en donde la separación racial era absoluta: No había prisioneros blancos ni guardianes negros. Su celda era apenas rebazaba los dos metros de anchura, y contaba con solo un pequeño ventanal a la altura de la vista. En aquél entonces tenía 46 años de edad y cumplía la condena de cadena perpetua.

Uno puede llegar a pensar que en esas condiciones, cualquier persona termina rindiéndose y aceptando su destino. Definitivamente el panorama tanto de Mandela como de los prisioneros políticos no se veía para nada alentador. Sin embargo, en vez de aceptar la derrota y buscar la manera de salir de la cárcel lo más rápido posible, Mandela decidió seguir con su lucha desde la cárcel. En su mente, la lucha seguía en pie, aunque en circunstancias distintas: “Me encontraba ahora entre bastidores, pero también sabía que no estaba dispuesto a abandonar a lucha. Ésta se desarrollaría en un campo diferente y más restringido. Un terreno en el que el único público seríamos nosotros y nuestros opresores. Considerábamos la lucha en la cárcel como un microcosmos de la lucha en su conjunto. La combatiríamos en el interior, tal como lo haríamos en el exterior“.

Aquella lucha enprendida en la cárcel no fué desapercibida en el mundo exterior. A pesar de la poca comunicación y de todas las trabas que los penitenciaros pusieron con tal de mantener a los presos en el exilio total, la prensa y gobiernos extranjeros presionaban al gobierno Sudafricano por la liberación de Mandela. Él no tenía idea del alcance del efecto de su lucha ni lo que pasaba hasta que al momento de su liberación, a sus 71 años de edad, tras comenzar a traspasar el portón de la cárcel lo tuvo claro: Enormes multitudes, miles de espectadores esperando verlo, cientos de fotógrafos, cámaras de televisión, todos con la esperanza de darle la “bienvenida” a la Libertad: ” Cuando por fin atravesé el portón de la cárcel sentí, aún a mis 71 años de edad, que mi vida comenzaba de nuevo. Diez mil días de encarcelamiento habían terminado“.

Y vaya que su vida comenzaba. Mandela además de haber ganado el premio Nobel de la Paz junto con Frederik de Klerk por los logros alcanzados en la erradicación de la segregación racial, también llegó a ser el primer Presidente Negro en toda la historia de Sudáfrica. Su historia es tan intensa y tan increíble, que simplemente se me pone chinita la piel, tan sólo de pensar y celebrar el nivel de humanidad y de liderazgo tan extraordinarios que caracterizaron su persona y su visión.

Por último, me quedo con estas frases que fuí captando durante la lectura de su biografía, las cuales me enseñaron lecciones my valiosas y me regalaron mucho material para pensar acerca del verdadero liderazgo, un liderazgo humanitario, con forma y color; Un liderazgo basado en el amor, en la pasión, la capacidad de compromiso y sacrificio por el bienestar común.

” La bondad del hombre es una llama que puede quedar oculta, pero que nunca se extingue”

“De algún modo, veía mi huerto como una metáfora de algunos aspectos de mi vida. Un líder también tiene que atender su jardín. También el planta sus semillas y después observa, cultiva y cosecha los resultados. Al igual que un jardinero, un líder debe de aceptar la responsabilidad por lo que cultiva; debe estar pendiente de su tarea, rechazar a los enemigos, preservar lo que pueda y prescindir de aquello que no puede dar fruto”

“Tuve ocasión de aprender que el valor no consiste en no tener miedo, si no en ser capaz de vencerlo”

“Llegaba un momento en el que uno podía acabar pensando que el opresor no estaba en el mundo exterior, si no adentro de uno mismo”

Y para cerrar este post dedicado a su memoria, quiero compartir uno de sus speeches más conmovedores de la historia:

“He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He acariciado la piel de una sociedad democrática y libre, en la que todas las personas convivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que aspiro alcanzar, Pero, si es necesario, es un ideal, por el que estoy dispuesto a morir”.

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